Pasé el control de equipajes apresuradamente, con el tiempo justo de subir al tren. Avanzando por el andén con la mayor velocidad que me permitía mi humanidad, logré llegar al vagón número siete.
Resoplando, circulé por el pasillo, hasta llegar al asiento designado en el billete, jadeando por el esfuerzo realizado. Me senté a plomo en la butaca, buscando recuperar el aliento y consulté el reloj. Me habían sobrado tres minutos.
Una vez que recuperé la respiración normal, me desembaracé del abrigo y la bufanda, saqué un libro de mi cartera de viaje y me dispuse a leer, mientras el tren arrancaba suavemente entre las primeras luces de la mañana.
Antes de concentrarme en la lectura, eché un vistazo rápido a mi alrededor, observando distraído a los compañeros de viaje que el azar me había deparado. Nada podía hacer sospechar que uno de ellos iba a morir.
Me llamo Miriam Conde y me gusta contar historias. Soy escritora novelista de aventura histórica y relatos policíacos.